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"Nos Queremos Vivas": Acabar con el Feminicidio en Juárez, México

Por Alice Driver 

JUÁREZ, México- La leyenda "Respete nuestras vidas" estaba escrita en letras verdes en la espalda desnuda de una mujer. Otra  levantó una bandera púrpura que decía: “¿Por qué nos matas? ¡Alto a la desaparición y al feminicidio!”. El 24 de abril de 2016, miles de mujeres y niñas marcharon durante seis horas por las calles de la Ciudad de México para protestar en contra de la violencia de género. Ellas cantaban: “Nos queremos vivas", una frase que se ha convertido en el grito de una generación de mujeres.

Según el Observatorio Nacional del Feminicidio Ciudadano, una coalición de 43 grupos que documentan el feminicidio,  cada día  seis mujeres son asesinadas  en México. El feminicidio con frecuencia involucra la violencia sexual y se define como el asesinato de una mujer basado en ideas misóginas como el honor, la vergüenza y el control de los hombres sobre los cuerpos de las mujeres. En otras palabras, se trata de un término que reconoce los motivos sexuales en este tipo de homicidios.

Durante la marcha, las mujeres reclamaron que miembros de instituciones públicas, como el sistema judicial, tuviesen la obligación de asistir a talleres sobre violencia de género. Propusieron mecanismos para combatir el sexismo, y exigieron la igualdad de oportunidades de empleo y el fin de la violencia económica.

En México, la violencia contra las mujeres se utiliza desde hace tiempo como una táctica política vinculada a los más altos niveles de poder. En 2006, cuando el actual presidente Enrique Peña Nieto fue gobernador del Estado de México, ordenó a la policía que reprimiera una protesta organizada por vendedores de flores a quienes les prohibió trabajar en la ciudad de Atenco. La policía detuvo, torturó y violó brutalmente a 11 mujeres. El caso fue recientemente tomado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ha solicitado una investigación sobre la participación de Peña Nieto y otros funcionarios.

La ciudad fronteriza de Juárez es especialmente notoria por  los cada vez mayores abusos de derechos contra las mujeres. Desde 2008-2012, Juárez fue una de las ciudades más violentas del mundo. En 2010, la ciudad tuvo un  récord criminal de  3.622 asesinatos. Cuando estuve en la ciudad en 2013, pasé unos días con el fotoperiodista de nota roja Lucio Soria, que trabaja para los diarios PM y El Diario. Me senté a su lado con su computadora en mis rodillas, revisando su colección de fotos. En una de ellas, la cabeza de un hombre–con el bigote y el pelo perfectamente acicalados–había sido cortada del cuerpo y colocada en el borde de un puente. En otras fotos vi trozos de la pierna, el torso y el brazo del hombre esparcidos por el camino. Otra mostraba un cadáver ensangrentado que yacía en el suelo parcialmente envuelto en plástico negro, y frente a este un gato de rayas blancas y anaranjadas caminaba detrás de las piernas de un grupo de policías vestidos de negro. Seguí revisando las fotos: una cabeza colocada junto a un torso sin brazos, cuerpos cortados y arreglados como si fueran  parte  de una instalación  de arte, mujeres desnudas tiradas en la calle con mensajes escritos sobre su piel, hombres arrojados a las dunas a lo largo de una carretera.

Los medios de comunicación internacionales a menudo representan  ese período de violencia como un misterio. En Juárez, los ciudadanos vinculan los asesinatos a la ocupación militar de la ciudad de 2008, cuando el ex presidente Felipe Calderón envió 7.000 soldados y 2.000 policías federales para acabar con la violencia causada por las drogas. Desde entonces, esos soldados y agentes de policía han estado implicados en una serie de violaciones de derechos humanos contra niñas y mujeres.

El 29 de diciembre de 2009 los miembros del ejército secuestraron a la joven Rocío Irene Alvarado Reyes, de 18 años, en su propia casa. Su madre, según un informe de la Oficina de Washington para América Latina, fue testigo de todo el evento, quien con el resto de su familia informó a la oficina del Fiscal General. Sin embargo, las autoridades se negaron a tramitar una queja oficial. La familia ha persistido, y a pesar de haberse producido reuniones a nivel municipal, estatal y federal, no se han hecho esfuerzos contundentes para localizar a Rocío, quien sigue desaparecida. Las acusaciones presentadas por las mujeres y sus familias involucran a soldados y policías de diverso rango, entre los que se incluyen delitos como violación, acoso sexual y desaparición forzada. Existen indicios de una posible coordinación delictiva por parte de dichos agentes de seguridad.

El gobierno ha recurrido continuamente a la violencia contra las mujeres para controlarlas e intimidarlas. No es un subproducto de otra violencia, sino más bien una práctica aceptada dentro de las instituciones estatales que casi siempre queda impune.

En los últimos años, las instituciones gubernamentales de  algunos estados de México han llevado a los  perpetradores del feminicidio  ante la justicia, pero todavía hacen falta  datos y voluntad política para rastrear adecuadamente su ocurrencia. Por esta razón, las activistas, principalmente las madres de las víctimas, siguen desempeñando un papel importante y visible al responsabilizar al Estado por las continuas violaciones contra mujeres y niñas. En Juárez, en las últimas dos décadas, las madres han construido y mantenido cruces y monumentos informales para marcar los sitios donde sus hijas fueron secuestradas. Caminar por la ciudad es experimentar el recuerdo vivo de la desaparición. Las caras de las niñas y las mujeres conectan un espacio físico con un sitio de violencia. 

Según el fotoperiodista mexicano Julián Cardona, quien ha estado reportando desde la ciudad durante las últimas dos décadas y media, “es importante que se conozca y estudie lo que está ocurriendo en Juárez. Es importante que se encuentren los equivalentes en sociedades industrializadas y países desarrollados porque Juárez no es un caso aislado, es un símbolo”.

 

"NO NOS SENTÍAMOS ESCUCHADAS"

La K-NTONA es un colectivo feminista formado en 2016 en Juárez por un grupo de jóvenes que se apoderaron de una casa abandonada en el centro de la ciudad. K-NTONA deriva del término “cantón”, argot de la frontera para la palabra casa, y termina con un "a" para denotar lo femenino. Por encima de la entrada principal de la casa, las mujeres pintaron: “Vivas nos queremos”, una versión del canto usado por activistas en todo el país para protestar contra la violencia contra las mujeres. En Juárez, el eslogan se asocia con manifestaciones contra las desapariciones y asesinatos de mujeres, que han azotado la ciudad desde principios de los años noventa.

Aproximadamente veinte miembros de La K-NTONA escucharon mis preguntas y acordaron una declaración colectiva sobre los orígenes del grupo: “es una respuesta al contexto en el que existe una fuerte violencia contra las mujeres, particularmente en los espacios y círculos, de movimientos sociales, artísticos y culturales de donde la mayoría de las mujeres no venimos y en donde no nos sentimos ni escuchadas, ni consideradas e incluso algunas llegaron a ser violentadas”. Las activistas querían crear un espacio para que las mujeres exploraran las posibilidades y beneficios de poder reunirse, hablar, organizarse y sentirse seguras mientras lo hacían. El espacio está abierto a todas las mujeres, cis y trans, que desean utilizarlo para eventos culturales y actividades relacionadas con la vida y el bienestar de las mujeres. La K-NTONA organizó recientemente una conferencia para dar a conocer la historia de Berta Cáceres, activista ecologista indígena asesinada en Honduras en marzo de 2016. Actualmente, el colectivo está enseñando jardinería urbana y desarrollando talleres de cine documental y creación audiovisual.

“ME DESPERTÉ DESESPERADA”

“Ella se fue a trabajar un viernes 3 de marzo de 1996 y ya no regresó más”, dijo Doña Catita, sentada en su patio de Juárez, rodeada de sus plantas y flores. “La buscaron en un hotel. El muchacho que la mató la llevó a un hotel y lo atraparon mientras la llevaba cargada para deshacerse del cuerpo. En las noticias dijeron que fue una desgracia, que estaba en el hotel drogándose ". Catita continuó, “discutí mucho con el fiscal, le decía ¿Qué hacer? Pero él me la mató, si él me la hubiera dejado golpeada yo la hubiera curado. Y me dijo, ‘Pero ella es violenta, le dio patadas’. Pero él la mató. Pues fue algo tan tremendo perder una hija pero ya pasó y Dios me ha dado mucha fuerza”. El asesino de su hija fue condenado a ocho años de cárcel, pero fue liberado después de cuatro por buen comportamiento. “¿Por qué no me notificaron? Ya llevaba libre tres semanas cuando me enteré”, dijo Doña Catita.

“UNA IMAGEN MALA”

Kristian López, de 26 años, dueño de la peluquería Shop Urbano, tiene un tatuaje en inglés que dice: “Life is a dream. Death is waking up” ("La vida es un sueño. Morir es despertarse”). Cuando le pregunté si él y sus amigos hablaban de la violencia contra las mujeres y el feminicidio, me respondió:" Fíjate que no, eso quedó en el olvido hace varios años, solo quedó con la familia y eso yo lo escuchaba cuando era niño. Entre nosotros casi no fueron, fue más la gente de fuera la que llenó a Juárez de mala fama”. Le respondí, “Pero yo de fuera”. Los residentes de Juárez a menudo desconfían de los extranjeros porque sienten que los medios internacionales han dado a la ciudad una mala imagen, y que gran parte de la de la información presentada carece de matices.

“NINGUNA VOLUNTAD POLÍTICA”

La Dra. Julia Monárrez Fragoso, profesora e investigadora del Colegio de la Frontera Norte en Juárez, comenzó a recopilar y analizar datos sobre el feminicidio en enero de 1993 y ha contado un total de 1.604 víctimas de feminicidio en los últimos 23 años. Las niñas y las mujeres, dijo, siguen desapareciendo porque “la voluntad política es no hacer nada para que esta atrocidad termine”. Parte del problema, dijo Monárrez Fragoso, es que las víctimas son en su mayoría niñas y mujeres pobres, marginadas, cuyas vidas no les interesan a quienes tienen poder político: “Nunca he escuchado, por parte de las funcionarias/os públicos, una muestra de indignación, un compromiso con la justicia del género que lleve a declarar: esto va a terminar”. Desafortunadamente, hay pocas estadísticas confiables sobre la desaparición de niñas y mujeres en Juárez porque los funcionarios del gobierno nunca han dado prioridad al rastreo de ese tipo de violencia. Académicos como Monárrez Fragoso, Marcela Lagarde y de los Ríos han desempeñado un papel clave en la definición y codificación del término feminicidio en México y llevan décadas trabajando para lograr que el gobierno reconozca formalmente el feminicidio; no obstante, han tenido poco éxito y una respuesta prácticamente nula.

“ELLA SIGUE VIVA”

“Cada vez que comparto la historia de mi hija siento que ella vive”, dijo Paula Flores, cuya hija María Sagrario González Flores desapareció el 6 de abril de 1998. El cuerpo de María Sagrario fue finalmente descubierto en un lote baldío en Juárez, y fue evidente que había sido violada y asesinada. Desde entonces, Paula Flores se ha dedicado a prevenir la violencia contra las mujeres en la ciudad. Ella, sus hijas y otras madres de víctimas pintan cruces negras sobre un fondo rosado alrededor de la ciudad en lugares donde las niñas y las mujeres han desaparecido o han sido asesinadas. Hoy en día, los cientos de cruces y velas alrededor de la ciudad resultan inquietantes; mientras que Paula, que estaba repintando cruces cuando la visité en julio de 2016, me dijo: “Estas cruces son mi responsabilidad. Quiero que la gente las vea porque soy consiente de su iconografía y significado”. Flores ha hablado con gobernadores y presidentes, y ha sido testigo del ritmo del cambio legal e institucional en la prevención de la violencia contra las mujeres: se mide en décadas. El 3 de julio de 2016, mientras nos sentábamos en su sala de estar, Paula me dijo: “El gobierno todavía no ha hecho nada para hacer frente a las inconsistencias en el caso de mi hija”.  

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Alice Driver es fotoperiodista y autora de "More or Less Dead: Feminicide, Haunting, and the Ethics of Representation in Mexico" (University of Arizona Press, 2015). Su obra multimedia ha sido publicada en The New York Times, Univision, The Guardian, Oxford American, Vice y The Texas Observer.

[Fotografía gentileza de Alice Driver]

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