El Mensajero, 5 de julio de 2000, 6El arco de crisis de América LatinaDonde hay desigualdad, la democracia es poco más que una palabrapor Andrew Reding
En el arco de crisis de la región noroeste de Sudamérica, una nueva ola de gobernantes está recurriendo al referendum y el plebiscito a fin de disimular la realidad autoritaria con una máscara de democracia. La demanda de Fujimori a un tercer mandato consecutivo de cinco años como presidente del Perú está basada en una elección de desempate en la cual él fue el único candidato. El candidato de la oposición, Francisco Toledo, se retiró de la carrera electoral cuando Fujimori se rehusó a tomar medidas contra el fraude electoral y la organización de los Estados Americanos (OEA) retiró a su equipo de observadores. A1 otro extremo del arco, en Venezuela, el presidente Hugo Chávez imitó a Fujimori, disolviendo al congreso y a las cortes, y modificando la constitución. Chávez busca un nuevo mandato de seis años; sin embargo, la votación se ha postergado debido a la falta de seguros contra fraude. En Ecuador, oficiales militares derrocaron a un gobierno electo e instalaron al vice presidente como una máscara de la democracia. Y en Colombia, país desgarrado por la guerra, el atormentado presidente Andrés Pastrana ha propuesto un referendum para disolver al congreso. De todo el mundo, América Latina es el continente que sufre la mayor disparidad en los niveles de ingresos de sus pobladores. Atrás de esta desigualdad existen diferencias étnicas y sociales que fueron heredadas de los tiempos del dominio español. Como resultado, una gran mayoría de los pueblos indígenas que constituyen gran parte -sino es que la mayor parte- de la población en Bolivia, Ecuador y Perú han sido negados el acceso a la educación. Así, esta falta de educación es la causa principal de la desigualdad económica. En las sociedades profundamente estratificadas por la riqueza, los ingresos económicos y el origen étnico, las formas democráticas están tan lejos de la realidad que tienden a degenerarse en mantos para el dominio autoritario. Las élites temen que, en una democracia genuina, la mayoría empobrecida expropiará sus riquezas. Por su parte, la gente pobre ha perdido la fe en las instituciones nominalmente democráticas que favorecen los intereses de la clase dominante. Ambos buscan caudillos que los salven. La clase dominante busca líderes como el General Pinochet; mientras que los pobres favorecen a tipos como el Coronel Chávez. En Perú, Alberto Fujimori sigue el modelo mexicano que mezcla el dominio autoritario -beneficioso para las élites- con las limosnas populistas para los pobres. Eventos recientes en Perú demuestran que al enfrentar la realidad latinoamericana, tratados como aquellos de la OEA son tan impotentes como las demás reformas democráticas. Para mejorar las posibilidades de crea una democracia verdadera, debemos declarar la guerra contra la desigualdad extrema. Washington debería ofrecer términos comerciales preferenciales a los países latinoamericanos que se comprometan a designar, por lo menos, el cinco por ciento de su producto nacional bruto a la educación, y a dar prioridad a las necesidades de sus ciudadanos más marginados. Sólo dirigiéndonos a las causas fundamentales de la desigualdad lograremos que la democracia tome una posición firme en América Latina. Andrew Reding, comentarista de Pacific News Service y miembro del World Policy lnstitute, se especializa en la política de América Latina. return to index and cover page |