Identidad Sexual: ¿Es posible escoger?

Texto del panfleto editado por Centro de Asesoría Pastoral Universitaria (CAPU) de la Pontificia Universidad Católica del Perú, por recomendación del Gran Canciller de la universidad, Cardenal de Lima, Monseñor Juan Luis Cipriani Thorne, 2002


El Arzobispo de Lima, Gran Canciller de la Universidad, ha considerado conveniente recomendar a las autoridades académicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú divulgar este documento que resume la posición oficial de la Iglesia Católica sobre temas de importancia en materia de identidad sexual.

El Centro de Asesoría Pastoral Universitaria tiene como función desarrollar la vida de Fe para los miembros de la Comunidad Universitaria y, por ello, a él hemos encomendado publicar y difundir el presente texto, importante para la orientación ética de nuestra vida cotidiana, desde la perspectiva de la doctrina de la Iglesia Católica.

El Rector

SEXUALIDAD

La sexualidad es mucho más que el cuerpo y sus formas. La sexualidad es un fenómeno integral de la persona. Abarca todos sus niveles de acción: físico, psicológico, espiritual (por ejemplo en el mundo de los valores) y social.

La identidad sexual surge de la interacción de estos cuatro niveles de la sexualidad.

Nivel físico o aspectos biológicos

El primer elemento fundamental de la identidad sexual es el cuerpo. La identidad sexual viene definida desde el momento de la concepción. Cuando el óvulo y el espermatozoide se unen queda fijada la información genética. Si la combinación cromosómica es XX, tenemos una mujer. Si es XY, un hombre. Esta es la “determinación genética de la identidad sexual”.

Nivel psicológico

Una vez que la persona nace continúa su proceso de maduración de su personalidad y por tanto en su identidad sexual. Es hora de incorporar todos los elementos de su psicología: sus sentimientos brotan naturalmente como una continuidad del mandato genético.

Toda persona tiene una herencia (“Yo soy así”) y al mismo tiempo se va educando (“Puedo aprender, puedo ser mejor”). La plenitud humana reside en desarrollar lo recibido en la herencia, potenciar al máximo lo que cada uno es. En la sexualidad ocurre lo mismo: todos los procesos de aprendizaje relativos a los comportamientos sexuales deben conducir a la plenitud de su ser masculino o su ser femenino respectivamente.

En una identidad sexual madura se debe dar la complementación entre lo heredado genéticamente y el comportamiento: “Tenemos, entonces, que lo genético (“herencia”) y lo ambiental (“educación”) van a determinar la diferenciación psicosexual. Ambos elementos son complementarios y se influyen entre sí.”

“La biología personal es, sin lugar a dudas, un componente sine qua non del “Yo real”.

Ser uno mismo, ser natural y espontáneo, ser auténtico, expresar la propia identidad, son así mismo enunciados biológicos, puesto que implican la aceptación de la propia naturaleza constitucional, temperamental, anatómica, neurológica, hormonal, motivacional-instintoide”.

Evidentemente tratar de separar la herencia biológica de la identidad como si fueran dos partes independientes de la persona es entender a incorrectamente a la persona humana y su sexualidad.

Nivel espiritual (Mundo de los valores)

El nivel espiritual también sigue el mandato de lo genético. Por eso hombre y mujeres tenemos formas tan específicas de pensar, comunicarnos y ser. Es lo que se llama “ganio masculino” y “genio femenino”. Este genio no es un invento ni una construcción. Es un don y al mismo tiempo una misión. Ser hombre o ser mujer no es una elección: es una tarea que todos tenemos y en ella reside nuestro camino a la felicidad.

Nivel social

Este mandato genético que es acompañado por ciertos sentimientos y valores específicos de acuerdo a cada sexo tiene una manifestación social.

“La diferencia sexual proporciona la diferencia más decisiva en el plan básico del cuerpo humano que, a su vez, codetermina la experiencia biológica y los roles sociales”.

“En circunstancias ideales y normales, la identidad sexual, el desarrollo de la personalidad y el rol social son congruentes, es decir una mujer se siente a sí misma como mujer, actúa como mujer, de forma similar, un hombre, se ve a sí sismo como varón y se comporta como tal. Si lamentablemente no tienen estos sentimientos es que no tuvieron la oportunidad de adquirir el primeo y más obvio de los actos de entendimiento.”

HOMOSEXUALIDAD

La homosexualidad

Pero en ocasiones hay circunstancias en el desarrollo que hacen que estos aprendizajes psicológicos o sociales no se concreten adecuadamente.

Una de las manifestaciones es la homosexualidad. La homosexualidad (masculina o femenina) es una alteración de objeto erótico. Es decir: el fin que se da al impulso sexual no coincide con la identidad de la persona.

De hecho son innumerables los estudios psicológicos de los últimos 40 años que nos muestran algunos de los problemas de la niñez que forman parte de la historia de personas que tienen comportamientos homosexuales: Figuras materna y paterna distorsionadas (Fisher 1996; Pillard 1988; Sipova 1983; Fitzgibbons 1999; Zucher 1995; Bradley 1997); problemas con el grupo de pares en la niñez (Golwyn 1993; Bailey 1993; Hockenberry 1987, Fitzgebbons 2000); violaciones en la niñez (Engel 1981, Finkelhor 1984; Beitchman 1991; Bradley 1997), entre otros.

“Podemos decir que considerar a la homosexualidad como un problema psicosexual es aceptado por la mayoría de los autores”. Por tanto quedan descartadas aquellas teorías que la quieren ver como un problema de origen genético o físico.

Como todo problema de comportamiento la homosexualidad puede revertirse. Es decir: una persona que por su historia psicológica tiene un impulso contrario a su identidad puede readquirir el impulso adecuado, como nos lo dice el Dr. Spitzer, quien fuera presidente de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana: “Estoy convencido de que muchas personas han hecho cambos sustanciales hasta llegar a ser heterosexuales... Creo que eso hace noticia... Empecé este estudio escéptico. Ahora afirmo que tales cambios pueden ser mantenidos.”

Como prueba de ello pueden verse los reportes de Exodus NorthAmerica Update que publica una carta mensual con testimonios de hombres y mujeres que han abandonado la homosexualidad. Véanse específicamente los números de 1990 a 2000.

¿Opción?

Ahora bien, que una o muchas personas puedan eventualmente tener sentimientos contrarios a su identidad o tomar opciones sexuales en base a esos sentimientos no convierte esas opciones en sexualmente adecuadas.

En la gran mayoría de los casos la persona no tiene responsabilidad directa en este desajuste de su identidad. Sin embargo eso no implica que se oculte la existencia de un problema real y mucho menos que se inventen explicaciones complicadas para justificar la permanencia del mismo.

El respeto incondicional de la dignidad de toda persona no puede basarse en considerar normal lo que de hecho no lo es.

El Dr. Gerard van Aardweg nos pone en su adecuada perspectiva: “La causa no esté en la discriminación de la que se quiere acusar a la sociedad que les haría “víctimas” de ella, sino en fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados.”

Genero

Últimamente se habla de género como una forma de entender la persona humana de manera fraccionaria.

Según esta teoría el aspecto físico y el psicológico y social corren en carriles diferentes. Esta ideología nació como defensora de los derechos de la mujer pero poco a poco mostró otras facetas.

Primero hay que decir que esto es una simple teoría, que por otro lado no está aceptada unánimemente.

Segundo, esta teoría ha servido para manipulaciones políticas a nivel de organismos internacionales. En todo caso responde, muchas veces, a una agenda de un grupo de poder político que poco o nada tiene que ver directamente con la cuestión de la mujer.

POSICIÓN DE LA IGLESIA

La Iglesia Católica, cercana a todos los problemas de la humanidad, busca defender auténticamente a la persona. Por ello se ha pronunciado en varias formas y ha estudiado el tema con responsabilidad.

Primero verifica la naturaleza de los actos homosexuales: ”Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No preceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

Al mismo tiempo tiene una gran cercanía con las personas que padecen estas conductas, dando un ejemplo de auténtica tolerancia: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”. Esta cercanía, es necesario aclararlo, tienen unos límites muy precisos: “Existen ámbitos en los que no se da discriminación injusta cuando se tiene en cuanta la tendencia sexual: por ejemplo , en la adopción o custodia de niños, en la contratación de profesores o instructores de atletismo, y en el servicio militar”.

Por otro lado, esta cercanía no parte de desconocer las auténticas posibilidades de las personas homosexuales: “Se debe evitar la presunción infundada y humillante de que el comportamiento homosexual de las personas homosexuales esté siempre y totalmente sujeto a coacción y por consiguiente sin culpa. En realidad también en las personas con tendencia homosexual se debe reconocer aquella libertad fundamental que caracteriza a la persona humana y le confiere su particular dignidad”.

Finalmente el mensaje de esperanza de la Iglesia hacia aquellos que padecen esta inclinación es el mismo que a cualquiera que escuche su voz: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio se sí mismo que eduquen la libertad interior.”



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